El número de horas de sueño necesarias para un niño varía con la edad. Los recién nacidos duermen unas 16 horas diarias en periodos cíclicos, intercalado con épocas de vigilia. A lo largo de la lactancia, la duración de despertares nocturnos va disminuyendo progresivamente y el niño es capaz de dormir de manera continua toda la noche, aunque el despertarse algunas veces durante la noche sea normal. Además del sueño nocturno, hasta los 4 años es preciso dormir durante el día, en forma de “siesta”.
Hasta la adolescencia los niños deben dormir al menos 9 horas diarias. Existe un periodo crítico del desarrollo del niño, donde un déficit de sueño de manera crónica, aunque sea leve, puede condicionar un peor rendimiento escolar y alteraciones cognitivas como retraso en la adquisición del lenguaje.
Los niños no son ajenos a los trastornos del sueño. Recientes estudios, realizados en nuestro país y el extranjero, demuestran que los niños no duermen las horas recomendadas. En general, las actividades sociales y el uso de tecnologías a últimas horas del día, está favoreciendo la aparición de este tipo de trastornos.
Hay variaciones de un niño a otro, no hay un patrón de sueño universal que se adapte a todos ellos. Pero si a su hijo le cuesta, de forma habitual, conciliar el sueño o mantenerlo a lo largo de la noche, o si durante el día se encuentra cansado y somnoliento, se debe sospechar que existe un problema de sueño y debe consultar a su pediatra.