Dolor
El dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a una lesión real o potencial de los tejidos. En las personas con cáncer puede estar causado por el propio tumor, por los tratamientos oncológicos o por otras enfermedades no relacionadas con el cáncer.
El dolor puede aparecer:
- Por compresión o infiltración de nervios, órganos o huesos por el tumor.
- Como consecuencia de cirugía.
- Tras quimioterapia (por ejemplo, neuropatía periférica).
- Tras radioterapia.
- Debido a inflamación, infección o complicaciones del tratamiento.
La experiencia del dolor es diferente en cada persona. Factores físicos, emocionales, sociales y espirituales pueden influir en cómo se percibe y se vive el dolor.
Tipos de dolor
Identificar el tipo de dolor ayuda a elegir el tratamiento más adecuado.
Dolor agudo
- Aparece de forma repentina.
- Suele tener una duración limitada.
- Puede estar relacionado con cirugía, procedimientos o lesiones recientes.
Dolor crónico o persistente
- Se mantiene durante semanas o meses.
- Puede requerir tratamiento continuado.
Dolor nociceptivo
Está causado por daño o inflamación de tejidos.
Somático
- Afecta huesos, músculos o articulaciones.
- Suele localizarse con facilidad.
Visceral
- Procede de órganos internos.
- Puede sentirse como presión, distensión o cólico.
- A veces es difícil localizarlo.
Dolor neuropático
Se produce por lesión o alteración de los nervios.
Puede describirse como:
- Quemazón.
- Calambres.
- Descargas eléctricas.
- Hormigueos.
- Sensación de pinchazos.
Dolor irruptivo
Es un episodio transitorio de dolor intenso que aparece a pesar de que el dolor basal está razonablemente controlado. Requiere una valoración específica y, en ocasiones, medicación de rescate.
Evaluación del dolor
Su equipo sanitario puede pedirle que valore el dolor mediante una escala numérica:
- 0 = sin dolor.
- 10 = el peor dolor imaginable.
También es útil explicar:
- Dónde le duele.
- Cuándo aparece.
- Cómo es el dolor.
- Qué lo empeora.
- Qué lo alivia.
- Cómo afecta a su vida diaria.
Llevar un diario del dolor puede ayudar a optimizar el tratamiento.
Tratamientos no farmacológicos
Las guías internacionales recomiendan combinar el tratamiento farmacológico con medidas no farmacológicas cuando estén disponibles.
Pueden incluir:
- Ejercicio adaptado.
- Fisioterapia.
- Terapia cognitivo-conductual.
- Técnicas de relajación.
- Mindfulness y meditación.
- Masaje terapéutico.
- Apoyo psicológico.
Estas intervenciones complementan el tratamiento médico, pero no deben sustituirlo. Algunas medidas sencillas pueden ayudar:
- Buscar posiciones cómodas.
- Utilizar almohadas de apoyo.
- Mantener actividad física adaptada.
- Aplicar frío o calor cuando su equipo sanitario lo recomiende.
- Escuchar música o realizar actividades agradables.
- Mantener contacto con familiares y amigos.
- Practicar técnicas de respiración o relajación.
¿Cuándo debe consultar de forma urgente?
Contacte con su equipo sanitario si:
- El dolor aumenta de forma repentina.
- Los analgésicos dejan de funcionar.
- Aparecen efectos secundarios importantes.
- El dolor le impide dormir, comer o moverse.
- Presenta debilidad, pérdida de sensibilidad o falta de control de esfínteres.
- Aparece dolor intenso de nueva aparición.


