La compresión medular es una urgencia oncológica que ocurre cuando una metástasis vertebral o un tumor que afecta la columna vertebral comprime la médula espinal o las raíces nerviosas. Si no se diagnostica y trata de forma precoz, puede causar daño neurológico permanente, incluyendo pérdida de la movilidad y alteraciones del control vesical o intestinal.

Aunque cualquier cáncer puede producir metástasis vertebrales, la compresión medular es más frecuente en personas con cáncer de mama, pulmón o próstata, así como en pacientes con mieloma múltiple y algunos linfomas.

Síntomas y signos de alarma

Los síntomas pueden desarrollarse de forma gradual o progresar rápidamente. Los más frecuentes son:

  • Dolor de espalda o cuello persistente, especialmente si empeora por la noche o al moverse.
  • Dolor que se irradia hacia los brazos, el tórax o las piernas.
  • Debilidad o pérdida de fuerza en las extremidades.
  • Entumecimiento, hormigueo o pérdida de sensibilidad en manos, pies o alrededor de los glúteos y la zona perineal.
  • Dificultad para caminar, inestabilidad o sensación de que las piernas fallan.
  • Alteraciones del control de la vejiga o el intestino, como retención urinaria, incontinencia o estreñimiento de nueva aparición.

Qué hacer ante la sospecha de compresión medular

Si aparece cualquiera de estos síntomas, especialmente en una persona con antecedentes de cáncer, debe solicitarse valoración médica urgente, ya que el diagnóstico y tratamiento precoces aumentan las posibilidades de conservar la función neurológica y la movilidad. La prueba de elección suele ser una resonancia magnética (RM) de toda la columna vertebral realizada con urgencia.

La inmovilización no debe aplicarse de forma rutinaria a todos los pacientes. Las guías actuales recomiendan valorar la necesidad de restringir la movilización cuando exista sospecha de inestabilidad vertebral o síntomas neurológicos significativos, procurando evitar periodos de inmovilización más prolongados de lo necesario.

Tratamiento

El tratamiento dependerá de la causa, la localización de la compresión, el estado general del paciente y el pronóstico de la enfermedad. Puede incluir:

  • Corticoides (habitualmente dexametasona) para reducir el edema y la presión sobre la médula espinal.
  • Radioterapia.
  • Cirugía de descompresión y/o estabilización vertebral en pacientes seleccionados.
  • Tratamiento sistémico del cáncer (quimioterapia, hormonoterapia, terapias dirigidas o inmunoterapia, según el tipo de tumor).

Rehabilitación y cuidados posteriores

Tras el tratamiento, las necesidades asistenciales dependerán del grado de recuperación neurológica, del control del dolor y del nivel de movilidad alcanzado. Un equipo multidisciplinar —integrado por oncología, rehabilitación, fisioterapia, enfermería y otros profesionales— colaborará para planificar los cuidados, favorecer la recuperación funcional y maximizar la calidad de vida.