La neuropatía periférica es una alteración de los nervios situados fuera del cerebro y la médula espinal. En las personas con cáncer, puede estar causada por la propia enfermedad o por algunos tratamientos oncológicos. La neuropatía periférica inducida por la quimioterapia (NPIQ o CIPN, por sus siglas en inglés) es una de las formas más frecuentes.

Puede producirse por diferentes motivos:

  • Como efecto secundario de determinados tratamientos contra el cáncer, especialmente algunos fármacos de quimioterapia (por ejemplo, taxanos, compuestos de platino, alcaloides de la vinca y bortezomib).
  • Por compresión o infiltración de un nervio por el tumor.
  • Como consecuencia de la cirugía o la radioterapia cuando afectan estructuras nerviosas.
  • De forma menos frecuente, por déficits nutricionales, diabetes u otras enfermedades coexistentes.

Síntomas

Los síntomas dependen de los nervios afectados y pueden aparecer de forma gradual durante el tratamiento o incluso después de haberlo finalizado.

Los síntomas más frecuentes incluyen:

  • Hormigueo o sensación de pinchazos en manos y pies.
  • Entumecimiento o pérdida de sensibilidad.
  • Dolor, quemazón o sensación de descarga eléctrica.
  • Mayor sensibilidad al frío o al tacto.
  • Debilidad muscular.
  • Dificultad para manipular objetos pequeños, abrochar botones o escribir.
  • Problemas de equilibrio o mayor riesgo de caídas.

En algunos casos también pueden afectarse los nervios autónomos, responsables de funciones involuntarias del organismo. Esto puede producir:

  • Mareos al ponerse de pie.
  • Estreñimiento o diarrea.
  • Alteraciones urinarias.
  • Cambios en la sudoración o en la tensión arterial.

Seguimiento durante el tratamiento

Si está recibiendo un tratamiento con riesgo de producir neuropatía periférica, su equipo sanitario evaluará periódicamente la aparición y evolución de los síntomas. Es importante comunicar cualquier síntoma nuevo o empeoramiento, aunque parezca leve.

Cuando la neuropatía afecta a las actividades diarias o se vuelve intensa, puede ser necesario:

  • Retrasar temporalmente el tratamiento.
  • Reducir la dosis.
  • Cambiar a otro fármaco.
  • Suspender el tratamiento responsable si el riesgo de lesión nerviosa permanente es elevado.

Tratamiento y manejo de los síntomas

Actualmente no existe ningún medicamento que haya demostrado prevenir de forma eficaz la neuropatía periférica inducida por la quimioterapia. Por ello, la detección precoz de los síntomas es fundamental.

Pueden ayudar las siguientes medidas:

  • Programas de ejercicio físico adaptado y fisioterapia.
  • Terapia ocupacional para mejorar la funcionalidad y la seguridad en las actividades diarias.
  • Prevención de caídas y adaptación del hogar cuando exista alteración del equilibrio.
  • Protección de manos y pies frente a temperaturas extremas y lesiones accidentales.
  • Uso de calzado cómodo y seguro.

Cuándo informar al equipo sanitario

Contacte con su médico o enfermera si presenta:

  • Empeoramiento del hormigueo o del entumecimiento.
  • Dificultad para caminar o mantener el equilibrio.
  • Debilidad en manos o piernas.
  • Dolor neuropático que interfiere con el sueño o las actividades cotidianas.
  • Caídas o problemas para realizar tareas habituales.

La detección temprana permite adaptar el tratamiento y reducir el riesgo de que los síntomas se vuelvan permanentes.