Tras un diagnóstico de cáncer, muchas personas desean realizar cambios positivos en su estilo de vida. Adoptar hábitos saludables, incluyendo una alimentación equilibrada, actividad física regular y el mantenimiento de un peso saludable, puede contribuir a mejorar la salud general, la calidad de vida y el bienestar durante y después del tratamiento.

Antes de realizar cambios importantes en la alimentación, es recomendable consultar con un dietista-nutricionista, el médico de atención primaria o el especialista en oncología, especialmente si existen problemas de peso, dificultades para comer o efectos secundarios derivados del tratamiento.

¿Qué es una alimentación saludable?

Alimentación saludableImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contextoAlimentación saludable

Para la mayoría de las personas, una alimentación saludable incluye:

  • Abundantes frutas, verduras y hortalizas.
  • Cereales integrales y otros alimentos ricos en hidratos de carbono complejos, como pan integral, arroz integral, avena, pasta, patatas y legumbres.
  • Fuentes saludables de proteínas como pescado, aves, huevos, legumbres, frutos secos y semillas.
  • Lácteos o alternativas enriquecidas en calcio y vitamina D, según las necesidades individuales.
  • Grasas saludables, especialmente aceite de oliva virgen extra, frutos secos, semillas y pescado azul.
  • Una cantidad limitada de alimentos ultraprocesados, azúcares añadidos, bebidas azucaradas, sal y grasas saturadas.
  • Agua como bebida principal.

La evidencia científica muestra que el exceso de peso corporal, el sedentarismo, el consumo de alcohol y determinados patrones alimentarios pueden aumentar el riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer. Por ello, los expertos recomiendan mantener una alimentación basada principalmente en alimentos de origen vegetal y poco procesados.

¿Cómo puede beneficiar una alimentación saludable?

Una alimentación equilibrada, junto con la actividad física regular, puede ayudar a:

  • Mantener un peso saludable.
  • Preservar la masa muscular.
  • Reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes.
  • Mejorar los niveles de energía y bienestar general.
  • Favorecer la recuperación durante y después de los tratamientos.
  • Contribuir a reducir el riesgo de recurrencia de algunos tipos de cáncer y mejorar la supervivencia global.

Si necesita perder o ganar peso, es importante hacerlo bajo supervisión profesional para garantizar una adecuada ingesta de energía y nutrientes.

¿Cómo mantener una alimentación saludable?

Los cambios graduales suelen ser más fáciles de mantener a largo plazo. Algunas recomendaciones son:

  • Aumentar progresivamente el consumo de frutas, verduras y legumbres.
  • Priorizar alimentos frescos y mínimamente procesados.
  • Elegir cereales integrales con frecuencia.
  • Limitar el consumo de carnes rojas.
  • Evitar o reducir al máximo las carnes procesadas.
  • Limitar los alimentos ultraprocesados y las bebidas azucaradas.
  • Mantener una adecuada hidratación.
  • Leer las etiquetas nutricionales para realizar elecciones más saludables.
  • Evitar o limitar al máximo el consumo de alcohol.

¿Cómo utiliza los alimentos nuestro cuerpo?

Una alimentación equilibrada aporta los nutrientes necesarios para el correcto funcionamiento del organismo.

  • Hidratos de carbono: Son la principal fuente de energía del cuerpo. Se recomienda priorizar los hidratos de carbono complejos y ricos en fibra procedentes de cereales integrales, legumbres, frutas y verduras.
  • Proteínas: Son esenciales para mantener y reparar tejidos, conservar la masa muscular y favorecer la recuperación, especialmente durante enfermedades y tratamientos.
  • Grasas: Aportan energía y participan en numerosas funciones corporales. Es recomendable priorizar las grasas insaturadas frente a las grasas saturadas y trans.
  • Vitaminas y minerales: Intervienen en múltiples funciones metabólicas y contribuyen al correcto funcionamiento del sistema inmunitario, nervioso y óseo.
  • Líquidos: La hidratación es fundamental para el funcionamiento del organismo. Las necesidades varían según la edad, el estado de salud, la temperatura ambiental y el nivel de actividad física. Como orientación general, se recomienda consumir entre 1,5 y 2 litros de líquidos al día, principalmente agua.

Preguntas frecuentes sobre la dieta

Muchas personas preguntan si la alimentación puede reducir el riesgo de que el cáncer reaparezca. Aunque no existe una dieta específica capaz de prevenir por completo una recaída, mantener un peso saludable, seguir una alimentación equilibrada y realizar actividad física regularmente se asocia con mejores resultados de salud.

Su equipo sanitario es la mejor fuente de información para adaptar las recomendaciones a su situación particular.

¿Qué alimentos debo evitar?

No existe una lista universal de alimentos prohibidos para todas las personas con cáncer.

Sin embargo, durante tratamientos que disminuyen las defensas puede ser aconsejable:

  • Evitar huevos crudos o poco cocinados.
  • Evitar leche y derivados no pasteurizados.
  • Evitar carnes, pescados o mariscos crudos o insuficientemente cocinados.
  • Mantener una adecuada higiene alimentaria.

Las recomendaciones específicas dependerán del tratamiento y del nivel de inmunosupresión.

¿Debo tomar suplementos dietéticos?

En general, las personas que mantienen una alimentación equilibrada no necesitan suplementos vitamínicos ni antioxidantes para prevenir el cáncer o evitar su recurrencia.

Los suplementos pueden estar indicados en situaciones concretas como:

  • Déficits nutricionales confirmados.
  • Problemas de absorción intestinal.
  • Cirugía digestiva extensa.
  • Déficit de vitamina D.
  • Osteopenia u osteoporosis.

Los suplementos deben utilizarse únicamente bajo indicación sanitaria, ya que algunos pueden interferir con determinados tratamientos oncológicos.

¿Existen los "superalimentos"?

No existe evidencia científica de que un alimento concreto tenga propiedades especiales para prevenir o curar el cáncer. Los beneficios para la salud proceden del conjunto de la alimentación y de los hábitos de vida saludables, no de un producto aislado.

La mejor estrategia es consumir una amplia variedad de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y otras fuentes de alimentos saludables.

¿Debo seguir una dieta sin lácteos?

Actualmente no existe evidencia suficiente para recomendar la eliminación de los productos lácteos con el objetivo de prevenir la recurrencia del cáncer.

Los lácteos aportan proteínas, calcio y otros nutrientes importantes. Si se eliminan de la dieta, debe garantizarse una adecuada ingesta de calcio y vitamina D mediante otros alimentos o productos enriquecidos.

El cáncer y el azúcar

Existe la creencia de que el azúcar "alimenta" al cáncer y que, eliminándolo completamente de la dieta, se puede frenar el crecimiento tumoral. Sin embargo, esta afirmación es una simplificación de un proceso biológico mucho más complejo y no está respaldada por la evidencia científica actual.

Todas las células del organismo, tanto las sanas como las cancerosas, utilizan la glucosa como una de sus principales fuentes de energía. La glucosa procede de muchos alimentos, no solo del azúcar de mesa, sino también del pan, la pasta, el arroz, las patatas, las legumbres, la fruta y los productos lácteos. Aunque una persona elimine el azúcar de su alimentación, el organismo seguirá produciendo glucosa a partir de otros nutrientes para garantizar el funcionamiento normal de órganos esenciales como el cerebro, los músculos y los glóbulos rojos.

Reducir o eliminar el azúcar de la dieta no ha demostrado detener el crecimiento del cáncer ni mejorar por sí solo la supervivencia de los pacientes. Actualmente no existen pruebas científicas que justifiquen dietas extremas libres de carbohidratos como estrategia para tratar el cáncer.

Lo que sí ha demostrado la investigación es que una elevada ingesta habitual de bebidas azucaradas, productos de bollería, dulces y otros alimentos ultraprocesados puede favorecer el aumento de peso y la obesidad. El exceso de grasa corporal se asocia con un mayor riesgo de desarrollar diversos tipos de cáncer, entre ellos los de colon y recto, mama después de la menopausia, endometrio, esófago, páncreas, riñón, hígado y ovario.

La relación entre azúcar y cáncer es, por tanto, principalmente indirecta. El problema no es que el azúcar alimente específicamente a las células cancerosas, sino que un consumo elevado de alimentos y bebidas ricos en azúcares añadidos puede contribuir al exceso de peso, la inflamación crónica, la resistencia a la insulina y otras alteraciones metabólicas asociadas a un mayor riesgo de cáncer.

Por este motivo, las principales organizaciones internacionales de prevención del cáncer recomiendan:

  • Limitar el consumo de bebidas azucaradas.
  • Reducir los alimentos con alto contenido en azúcares añadidos y productos ultraprocesados.
  • Mantener un peso saludable mediante una alimentación equilibrada y actividad física regular.
  • Priorizar frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y otros alimentos ricos en nutrientes y fibra.

¿Debo consumir únicamente alimentos ecológicos?

Actualmente no existe evidencia científica que demuestre que una dieta exclusivamente ecológica prevenga el cáncer o reduzca el riesgo de recurrencia en comparación con una alimentación saludable convencional.

Tanto si se consumen alimentos ecológicos como convencionales, es importante:

  • Lavar adecuadamente frutas y verduras.
  • Mantener unas correctas medidas de higiene alimentaria.
  • Priorizar el consumo de frutas, verduras y legumbres independientemente de su origen.

La elección entre productos ecológicos y convencionales es una decisión personal.

¿Funcionan las dietas anticáncer?

No existe evidencia científica de calidad que demuestre que las llamadas "dietas anticáncer" curen el cáncer o mejoren la supervivencia.

Algunas dietas restrictivas pueden provocar:

  • Desnutrición.
  • Pérdida de masa muscular.
  • Déficits de vitaminas y minerales.
  • Interferencia con los tratamientos médicos.

Por ello, las principales sociedades científicas recomiendan una alimentación equilibrada, variada, agradable y adaptada a las necesidades individuales de cada persona.