Dejar de fumar
RAZONES PARA DEJAR DE FUMAR
Dejar de fumar es una de las decisiones más beneficiosas para la salud, tanto para la población general como para las personas con cáncer. El tabaco es la principal causa prevenible de cáncer y está relacionado con al menos 16 tipos de cáncer, incluidos los de pulmón, cabeza y cuello, esófago, vejiga, páncreas, riñón, hígado y cuello uterino.
En las personas diagnosticadas de cáncer, dejar de fumar después del diagnóstico puede aportar beneficios significativos:
- Mejorar la eficacia de algunos tratamientos oncológicos.
- Reducir el riesgo de complicaciones quirúrgicas y problemas de cicatrización.
- Disminuir algunos efectos secundarios de la quimioterapia y la radioterapia.
- Mejorar la función pulmonar y cardiovascular.
- Reducir el riesgo de desarrollar un segundo cáncer relacionado con el tabaco.
- Mejorar la calidad de vida y la supervivencia global.
Además de los beneficios para la salud, dejar de fumar también proporciona:
- Beneficios económicos.
- Mejoría del olfato y del gusto.
- Disminución del mal aliento.
- Menor exposición de familiares y convivientes al humo ambiental del tabaco.
Prepararse para dejar de fumar
Dejar de fumar puede resultar difícil, especialmente durante momentos de estrés como un diagnóstico de cáncer. Sin embargo, existen tratamientos y estrategias eficaces que aumentan considerablemente las probabilidades de éxito.
Antes de dejarlo, puede ser útil:
- Reflexionar sobre sus motivos personales para abandonar el tabaco.
- Identificar las situaciones que desencadenan el deseo de fumar.
- Informarse sobre los recursos de ayuda disponibles.
- Solicitar apoyo a familiares, amigos y profesionales sanitarios.
Pasos prácticos para empezar
- Fije una fecha para dejar de fumar.
- Retire cigarrillos, ceniceros, mecheros y otros objetos relacionados con el tabaco.
- Informe a familiares y amigos de su decisión.
- Planifique cómo afrontará los momentos de mayor deseo de fumar.
- Tenga disponibles alternativas saludables como agua, fruta o chicles sin azúcar.
- Manténgase ocupado realizando actividades que le resulten agradables.
Tratamientos que pueden ayudar
Actualmente, las guías clínicas recomiendan combinar apoyo conductual con tratamiento farmacológico siempre que no existan contraindicaciones.
Las opciones terapéuticas pueden incluir:
- Terapia sustitutiva con nicotina (parches, chicles, comprimidos, inhaladores o espráis).
- Vareniclina.
- Bupropión.
Estos tratamientos pueden reducir los síntomas de abstinencia y aumentar las probabilidades de abandono definitivo del tabaco. Deben utilizarse bajo recomendación y seguimiento profesional.
Qué ocurre al dejar de fumar
La dependencia a la nicotina puede provocar síntomas de abstinencia durante las primeras semanas, como:
- Irritabilidad.
- Ansiedad.
- Nerviosismo.
- Dificultad para concentrarse.
- Alteraciones del sueño.
- Aumento temporal del apetito.
- Deseo intenso de fumar.
Estos síntomas son temporales y suelen disminuir progresivamente con el paso de los días y las semanas.
Mantenerse sin fumar
Abandonar el tabaco es un proceso continuo. Muchas personas necesitan varios intentos antes de conseguir dejarlo definitivamente.
Algunas estrategias que pueden ayudar son:
- Pasar tiempo con personas que apoyen su decisión de no fumar.
- Evitar situaciones asociadas al consumo de tabaco durante las primeras semanas.
- Practicar actividad física regularmente.
- Utilizar técnicas de relajación o manejo del estrés.
- Recordar con frecuencia los motivos por los que decidió dejar de fumar.
- Registrar los progresos realizados.
- Recompensarse por los objetivos alcanzados.
Si experimenta una recaída, no la considere un fracaso. La recaída forma parte habitual del proceso de abandono del tabaco y ofrece información valiosa para intentarlo de nuevo con más herramientas y apoyo.
Beneficios de dejar de fumar
Los beneficios comienzan pocas horas después del último cigarrillo y continúan acumulándose con el tiempo:
- Disminuyen la frecuencia cardíaca y la presión arterial.
- Mejora la circulación y la función pulmonar.
- Disminuyen la tos y la dificultad respiratoria.
- Se reduce progresivamente el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
- Disminuye el riesgo de desarrollar múltiples tipos de cáncer.
- Mejora la salud general y la esperanza de vida.


